Viajar enriquece. No cabe duda. Esto son viajes exprees y en ocasiones te quedas con ganas de estar más tiempo. Cáceres me sorprendió y Oviedo también. Pero más allá de las iglesias, los monumentos o el entramado urbano, siempre que convives en otra realidad descubres cosas interesantes. Ya hace tiempo que el deporte me ha permitido descubrir otras realidades, en España y fuera. Esta vez mis limitaciones de movilidad me habían hecho dudar sobre las posibilidades de conocer la ciudad. Pero la casualidad ha querido que tengamos el hotel a escasos 50 metros de la catedral, no más de 80 del Teatre Campoamor, es decir, en el epicentro de la ciudad.
Una zona que un sábado por la noche como hoy está marcada por la gran cantidad de visitantes que hay, mucha gente haciendose fotos con las esculturas que hay por las calles, delante de los edificios más emblemáticos y aprovechando para gozar de la sidra. Pero también por muchos jóvenes, caracterizados por ir muy arreglados, algo exagerado para lo que estamos acostumbrados. Faldas con brillantes, cortas, bolsos, tacones, sombreros y en los chicos camisas y jerseys.
Tan cerca y tan diferentes. Estos detalles también hacen interesantes los viajes. Te enseñan a relativizar, a conocer la diferencia. Espero seguir gozando con experiencias como ésta, y la próxima hacerlo sin muletas.
sábado 14 de marzo de 2009
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