Cada vez está más cerca y es algo que no se puede detener. Cada instante que pasa, cada minuto que vivimos estamos más próximos al fin. Nuestro fin, aunque este no es un post sobre la muerte sino sobre el tiempo, así que de momento, el fin es el fin del año 2008. Poco cambiará más allá del almanaque. Un día por otro y así hasta entrar en el 2009 y seguir avanzando hacia el infinito.Ahora casi una década después de vivir el efecto 2000, que los hizo inmunes, parece que todos los fines de año son lo mismo. Resúmenes de lo acontecido y previsiones de lo que vendrá. Mirada al pasado, lo único existente, y visiones sobre el futuro, todavía inexistente. Hace poco escuché la interesante teoría de David Eagleman que dice que “Nuestra percepción de la vida va por detrás de la realidad”. Es decir que nuestra vida es como una retransmisión en falso directo, como el famoso programa de televisión de la SuperBowl posterior al escándalo de la hermana Jackson. De esto se desprende que lo único que verdaderamente existe es el pasado. Cuando somos conscientes del ahora, ya es pasado. Además las investigaciones sobre la percepción del tiempo le han llevado a ir más allá y afirmar que el tiempo es moldeable: “Si quieres que parezca que tu vida ha durado más, lo que tienes que hacer es perseguir cosas nuevas, necesitas probar cosas nuevas todo el tiempo, conducir por un camino distinto cuando vuelves a casa... Si siempre almacenas recuerdos nuevos, parecerá que tu vida ha sido más larga”. Y teniendo en cuenta que lo importante de la vida es aquello que sentimos mientras vivimos, se podría concluir que alargar nuestra vida está a nuestro alcance. Ahora sólo es cuestión de plantearse la voluntad de cada uno de ser o no más longevo y olvidarse del “no tengo tiempo”. Sin duda, una gran invitación a la reflexión.
De todos modos esta idea no pasa de ser una teoría científica o filosófica que tampoco podrá impedir que en 18 días hayamos consumido un año más. Las convenciones sociales siguen siendo más fuertes que la lógica así que de aquí a poco tocará volver a celebrar el simple e incansable paso del tiempo.