El espectáculo del deporte de elite, la tecnificación deportiva y el aspecto más social y lúdico del deporte en cinco días de viaje intenso. La sexta vez que pisaba Holanda y lo volvía hacer acompañado de grandes personas que a la vez son jóvenes deportistas ilusionados. Mi cometido era ése, acompañar a este grupo en su competición deportiva y como siempre he aprendido mucho de todos ellos. De sus miedos, sus muros, sus bloqueos, pero también sus alegrías, progresos y aprendizajes. Me han dejado compartir muchas cosas, pese a no conocerlos demasiado en algunos casos, y eso me ha reiterado la impotencia que siento al no poder ayudar más a estos jóvenes durante el año. En este viaje más que nunca antes he sido consciente de que puedo llegar a aportar mucho en este momento de su vida deportiva. Pero no sólo de los jugadores me he enriquecido, también de mis compañeros que han vuelto a hacer gala del amor que sienten por el korfbal, pese a estar algo confusos en este viaje.El aspecto social y lúdico este año ha sido especial al dormir en un barco. Una experiencia más. Algo fría al principio. Y por segundo año consecutivo, un gran premio, poder presenciar en directo un partido de la mayor liga del mundo. Si alguien duda de la espectacularidad de este deporte es que no lo ha vista bien.
En definitiva, un viaje que pese a impedir mi descanso en la Semana Santa me ha cargado las pilas y me ha permitido desconectar de la rutina diaria.
En definitiva, un viaje que pese a impedir mi descanso en la Semana Santa me ha cargado las pilas y me ha permitido desconectar de la rutina diaria.
