miércoles 10 de septiembre de 2008

Primeros pasos

No ha sido fácil volver a llegar hasta aquí. Ahora que me he visto obligado a parar, espero que de manera momentánea, he mirado hacia atrás y he sido consciente del trabajo hecho. Sudor, esfuerzo, cansancio, pero también impotencia, dudas, dolores, en fin, un corto e intenso camino. Un trecho hecho para no llegar a ningún sitio, pero con el objetivo de poder empezar una nueva senda. Y es que quizá el no tener una meta establecida es lo que me ha permitido volver a engancharme a esta adicción. Ya hacía años que vivía sin síndrome de abstinencia y que con algún que otro flirteo veraniego saciaba las ganas de actividad, a veces más mentales que físicas. Pero ahora vuelvo a sentir esa ausencia, esa sensación de vacío, de día inútil cuando no hago el gesto ni de apretarme bien las bambas. Así que como de todo lo malo hay que sacar algo positivo supongo que esa herida sangrienta que ahora me detiene me servirá como nuevo acicate. El objetivo será seguir galopando sin rumbo, sin meta, así hasta que el ritmo conseguido o el estado general del cuerpo me permitan volver a detenerme y plantear de nuevo el futuro. Entonces será el momento de determinar si estos primeros 50 días son el prólogo a algo limitado en el tiempo. Hasta la fecha han significado un reencuentro conmigo mismo y un cúmulo de sensaciones bien diverso y gratificante. En el día a día se pueden vivir cosas fantásticas, igual hoy pasas media hora persiguiendo a tu sombra, sin atraparla aunque estés seguro que nunca antes ha ido tan lenta, dudando incluso si realmente es la tuya o quizá notas la brisa del atardecer en la cara mientras avanzas hacia el horizonte escuchando como diversos animales se esconden a tu paso, incluso es posible acelerar huyendo por un pequeño estrecho cubierto de ramas y arbustos, mientras te vas agachando preocupado por la marcha del sol, como si el anochecer fuera el fin de los fines y tu no hubieras llegado todavía a la salvación.
Todo en mi imaginación, allí donde ahora, otra vez, después de mucho tiempo, el sufrimiento y el cansancio se vuelven a convertir en satisfacción y alegría.