Tlaloc, a veces llamado Nuhualpilli, es el Dios del agua y la lluvia. Hermano menor de Huixtocihuatl, Diosa mejicana de la fertilidad que presidía la sal y el agua salada, se casó primero con Xochiquetzal, Diosa de la belleza, y cuando Tezcatlipoca, el Señor del cielo y la tierra la secuestró, se casó con Matlalcueye, Diosa del agua viva, los ríos y los lagos. Con ojos saltones, el labio superior muy pronunciado, de color azul y siempre en posesión de un estandarte de oro, largo y con forma de culebra, terminado en punta aguda, que representa los relámpagos y los truenos que acompañan a veces al agua de lluvia, nunca fue considerado un Dios benévolo, pese a ser el encargado de regar las cosechas.Y la verdad, es que no me extraña que la lluvia no sea bien vista. Reconozco que no me gusta. Para ser preciso me incomodan las consecuencias habituales de la lluvia. Los pies mojados, los paraguas, el colapso de tráfico, y esa sensación de parálisis social que la acompaña. Ya de pequeño era normal que los días de lluvia en el colegio la clase estuviese casi vacía. En la universidad, las precipitaciones significaban retrasos, ausencias y excusas (el tren no venía a la hora, la autopista estaba llena, etc) Y en general, los días de lluvia parece que ocurra algo extraordinario, peligroso y alarmante.
Reitero que no me gusta cuando me levanto por la mañana y veo que llueve. Pero casi me empieza a gustar menos que todo lo que tenía previsto se va al traste por el agua. De hecho, si lo piensas, la mayoría de lo que hacemos habitualmente se puede seguir haciendo aunque caigan 4, 8 o 80 gotas por segundo. En otros lugares, donde están más acostumbrados a las precipitaciones, van a trabajar en bicicleta con un chubasquero sin darle mayor importancia, siguen haciendo sus quehaceres habituales, van a comprar, practican deporte y no miran al cielo más que para saber si anochece.
Esto me hace pensar que es más una reacción psicológica, sociológica, a la lluvia, lo que nos invita a saltarnos nuestras obligaciones, nos propone el descanso o la desgana, y nos empuja a no cumplir nuestros propósitos sin ningún cargo de conciencia. Y por ello y pese a repetir que no me gusta y me incomoda la lluvia, pienso que los días de agua hay que ser más libre, más fuerte y sobretodo más responsable e intentar hacer aquello que pensabas hacer. La meteorología no se molesta por nuestras acciones, quizá nuestras acciones deberían estar menos influenciadas por la meteorología.
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