domingo 13 de abril de 2008

Dichoso malestar

Una de las sensaciones más agradables es la felicidad. Pero reconozco que en mi caso es esquiva, exigente, poco generosa. Me ocurre eso que ya he sentido otras veces. Tras un aluvión de grandes sensaciones, de buenos momentos, mis sentimientos no son de satisfacción, no son de felicidad. Siempre me cuesta saber por qué me ocurre eso. Hoy está siendo especialmente duro. Parece que no hay motivo para mis sentimientos. Grandes momentos los vividos durante una cena que parecía difícil se pudiera celebrar con esa harmonía y cordialidad. Agradables sensaciones tras horas colaborando y gozando con los más pequeños, en una jornada apacible y gratificante. Una tarde inolvidable viviendo de nuevo la ilusión en el deporte, la alegría y el entretenimiento que a veces queda oculto entre tanto objetivo y entrenamiento. Marcas y actuaciones muy destacadas en la primera gran competición al aire libre, esperanzadoras. Y tarde, de nuevo, de compañerismo, amistad, buen rollo y un ambiente que también me parecía lejano. Pero como decía al principio, siempre hay algo que despierta la sensación de malestar. Otra vez vivo como la ilusión de una gran persona se trunca momentáneamente. A veces este deporte no es justo. No se corresponden las ganas y la entrega con el premio, la recompensa pocas veces es inmediata, pero eso cuando ocurre con una lesión de por medio y con gente así es doblemente duro. No he tenido palabras en el momento para expresar mi pesar, y me cuesta encontrarlas ahora, bastantes horas después. Y Pese a estar convencido que siempre estamos expuestos a esto creo que hoy no tocaba. No es justo. No a él. No así. Supongo que es ahora cuando hay que expresar el aprecio, la confianza y la amistad que tan rápida y rotundamente se ha ganado. Creo estar seguro en afirmar que para eso estoy preparado. Y espero que sirva para que su vuelta sea como en otros casos muy próximos de gran volada, con doble motivación y más ganas si cabe.